Debí haber escrito esto antes, pero la weá la fui postergando como buen flojo.
Primero las Fiestas Patrias, que aunque oficialmente es un día, se alargó como dieciséis seguidos. La farra partió el jueves 14 después del trabajo, porque nadie quería hacer ni una weá el viernes anterior al feriado.
Hombres, minas, cabros chicos, perros de todas las edades y hasta algún burro weón participaron: se comió, se bailó cumbia, se comió más, se tomó, se bailó cueca, se comió otra vez y se tomó más todavía.
Cualquier weón que tenga un restorán o un almacén, incluso los que no están en la esquina, saca un asado a carbón y cera para pisos pa’ quemar anticuchos hasta que queden como carbón. Les dicen “shishkebab”, pero en un shishkebab de verdad esperai carne, no esta weá. Tradicionalmente los anticuchos son con vienesas de las más baratas, trozos de cebolla, pimentón y otras weás que nadie sabe qué son. A veces hay un pedazo de carne fibrosa marinada en caca de mosca. Los auténticos incluyen carne de mosca de verdad. También calientan empanadas y otras delicias. Las empanadas vienen en tres sabores: pino, queso y marisco. Solo las de queso vienen sin huevo duro de ayer y aceitunas con cuesco. Esas son tu mejor apuesta. Si cachai unas con queso derretido de verdad, date por bendecido, porque son más raras que weá. El resto es masa frita que estuvo cerca del queso mientras la preparaban.
Las de pino se pueden comer la mayoría de las veces, aunque las buenas tienen menos cebolla que comino. Dicen que llevan carne molida. Puede ser de algún animal que pasta en el campo o de los que pastan las bolsas de basura en la calle. Noté que en Fiestas Patrias había menos gatos en las calles, pero puede ser coincidencia. El que se come esta weá tiene que tener cuidado de no perderse otro diente con la aceituna con cuesco. Algunos weones que hacen empanadas le meten una aceituna extra pa’ que sea más festivo. Los dentistas cierran hasta que se acabe la farra pa’ que los pacientes vayan de una sola vez.
Hay unos valientes culiaos que se comen las de marisco sin alcohol de por medio; esos los cachai en la Posta. Como en cualquier país, las filas dan la vuelta a la manzana, pero hay ambiente festivo porque va toda la familia a explicarle a los enfermeros qué weá pasó. Y al igual que en Canadá o Estados Unidos, al personal médico no le importa una raja. Están en alguna ramada o fonda tomando chicha cortada con alcohol de quemar.
Las ramadas son construcciones temporales hechas con ramas que le afanaron al vecino. Las más finas usan bambú y hojas de palmera que se robaron de plazas públicas. Adentro hay mesas y bancos de palo, generalmente afanados de algún weón que compró materiales pa’ ampliar su casa y vender weás de Fiestas Patrias. Las más chicas son las fondas, que aguantan como cincuenta borrachos culiaos y están hechas con los restos de las ramadas del año pasado. Las ramadas meten a cientos de personas “cómodas” y protegidas de la lluvia. Tienen techo de paja y ampolletas peladas colgando de cables. Los incendios no son tan comunes porque hay llovizna en la madrugada que apaga las chispas.
Este año hubo un poco de escándalo porque partió la ley anti-tabaco de los hueones. Podís tener local fumador o no fumador, pero si dejai fumar no pueden entrar cabros chicos. La mayoría de los que venden alcohol eligieron no fumador pa’ venderle a todo el mundo. Igual la gente hizo lo que quiso y dejó fumar a quien quisiera. Los inspectores son débiles por las empanadas de queso de verdad y un poco de chicha. Eso les da “vista gorda”.
No tengo números de cuánto se tomó, pero por la cantidad de vómito en las calles, fue una weá impresionante. Y asumo que era de alcohol y no de la comida, porque vi muy pocos cuescos de aceituna en los charcos.
Las tradiciones cambian y ahora la bebida de moda es la cerveza chilena, aunque todavía hay unos viejos culiaos que se echan litro tras litro de Gato Negro (ese vino en caja TetraBrik) cantando “Puro Chile” y bailando cumbia. Los más antiguos bailan cueca y se meten piscola (pisco con Coca), que pronuncian “pikola” no porque les dé ganas de mear, sino porque se comieron tantas empanadas borrachos que se les cayeron los dientes y ya no pueden pronunciar la S. Otra weá popular es la chicha, que es como un vino pendejo. Los más viejos la toman “en cacho”, o sea, cuando ya están curados se toman cualquier weá que les echen en un cuerno de cabra muerto.
Esto duró las 24 horas hasta el lunes, el feriado de verdad. De día desfilan los cadetes por la plaza y los turistas les sacan fotos. Dejan coronas en el monumento a Arturo Prat y si se acuerdan, le sacan el polvo a la placa de Bernardo O’Higgins. Estos desfiles cagan el recorrido de las micros, así que quedan cientos de buses esperando pa’ llevar borrachos a las ramadas. Algunos choferes se bajan con los pasajeros a echarse unos tragos antes de seguir el corrido. Al final del día es un desastre: las ramadas reventadas de choferes curados, cadetes chupando barriles de chela y chilenos locos bailando cueca y gritando “¡Puro Chile, conchetumare!” a todo pulmón. Los turistas se van a sus hostales preguntándose por qué la ciudad está muerta, resuelven ir a un café y lo encuentran cerrado. Algunos le pagan diez lucas a un taxista pa’ que los lleve a la ramada del tío Pepe a probar chicha y romperse los dientes con empanadas de pino. Generalmente esa ramada es la que se quema porque está más seca que la cresta. Después ves a los gringos volviendo a los cerros sin mochila ni cámara, porque las dejaron un segundo pa’ ir al baño (que es una weá insalubre) y cuando volvieron ya no estaban.
El último día, el 19, los locales se ponen serios: saquean la botillería por las últimas cajas de Gato Negro, los supermercados por más cadáveres de animales pa’ asar, carbón y cera Nugget con descuento de cien pesos. El aire huele a parafina y carne quemada porque la gente trata de prender el asado sin diario (¿quién lee el diario en Fiestas Patrias?) ni bencina. Los bomberos andan apagando incendios y probando anticuchos mientras venden rifas.
Como el 18 y 19 cayeron lunes y martes, casi nadie volvió a trabajar el miércoles y se tomaron el resto de la semana. Los que se quemaron en ramadas o prendiendo asados con cera, y los que sobrevivieron las empanadas de marisco, seguían en la fila de la Posta el viernes porque los del hospital estaban en paro. Los dentistas hicieron su agosto y yo pude ir el jueves después de esperar una hora y media.
Igual este fin de semana todavía se escuchaba en algunos lados a weones cantando:
“Puro Chile, es tu cielo azulado,
puras brisas te cruzan también,
y tu campo de flores bordado
es la copia feliz del Edén, ¡conchetumare!”
—25 de septiembre de 2006






