Durante este fin de semana encontré en el sector de Punta Ossa, en Reñaca, Viña del Mar, a un pequeño lobo marino juvenil, de aproximadamente un metro de longitud, que se encontraba solo en la playa. Me llamó especialmente la atención su tamaño y que en un momento intentara morder e ingerir pequeños trozos de cochayuyo, por lo que decidí dar aviso a SERNAPESCA.

Desde el servicio respondieron rápidamente. Incluso realizamos una videollamada para que pudieran observar al ejemplar y evaluar su comportamiento. Me explicaron que, al tratarse de un cachorro, todavía no posee la cubierta de grasa de un ejemplar adulto y que estos animales pueden salir a tierra para termorregular, por lo que encontrarlos en una playa no significa necesariamente que estén abandonados o necesiten ser rescatados.

SERNAPESCA mantuvo el seguimiento y este domingo me informó que funcionarios estuvieron durante más de una hora monitoreando el sector de Punta Ossa y que no encontraron al ejemplar, siendo posible que se haya retirado durante la noche.

Creo que esta pequeña historia puede dejarnos una enseñanza importante. Cuando encontramos un lobo marino en una playa, por mucho que nuestra primera reacción sea querer ayudarlo, no debemos tocarlo, alimentarlo, mojarlo ni intentar devolverlo al mar. Hay que mantener una distancia prudente, alejar especialmente a los perros y a los niños y dar aviso a SERNAPESCA cuando exista preocupación por su estado.

Lo mismo ocurre si encontramos un lobo marino u otro animal silvestre muerto en la playa: no debe ser manipulado y debemos impedir que niños y mascotas se acerquen, porque puede existir exposición a parásitos y microorganismos.

Quiero agradecer la disposición de SERNAPESCA y de quienes participaron en el seguimiento del lobito. Esta experiencia también me enseñó algo: rescatar no siempre significa tomar a un animal y llevárselo. A veces protegerlo significa observarlo, respetar su espacio, informar a quienes saben cómo evaluarlo y permitir que la naturaleza siga su curso.

Tenemos el privilegio de compartir nuestras playas con una extraordinaria fauna marina. Aprender a conocerla, respetarla y saber cómo actuar cuando nos encontramos con ella es también una forma de protegerla