El 22 de abril de 2026 no fue un día cualquiera. En Viña del Mar, el Ajedrez volvió a demostrar que puede ser mucho más que una disciplina competitiva: puede ser una herramienta concreta de inclusión, encuentro y dignidad.

En las dependencias de Cemipre se desarrolló el Torneo de Ajedrez Inclusivo "Gloria Márquez Peña", una instancia que reunió a participantes del taller de Ajderez de Cemipre (Fundación dedicada a ayudar a personas con discapacidad visual, incluyendo a quienes tienen baja visión y ceguera, con sedes en Viña del Mar, Quilpué y en Concón y cuyo objetivo es proporcionar capacitación en Braille, computación adaptada y uso de tecnología, así como apoyo emocional y espiritual) junto a integrantes del taller del Museo FONCK, ambos liderados por Christian Lucero y por José Ruíz, en una jornada donde el tablero se transformó en un espacio común, donde las diferencias se diluyen y lo verdaderamente importante es participar, pensar y compartir.

Las partidas se sucedieron en un ambiente de respeto, concentración y entusiasmo. Más allá de los resultados, lo relevante fue la experiencia colectiva: personas que encuentran en el ajedrez una forma de expresión, de aprendizaje y de conexión con otros.

Aun así, corresponde destacar a quienes lideraron la competencia. El primer lugar fue para Sandra Varela, quien se impuso con claridad y solidez en su juego. El segundo lugar lo obtuvo Gabriel Varela, con una actuación consistente, mientras que el tercer puesto fue para Alain Houde, completando un podio que reflejó compromiso y dedicación.

Junto a ellos, se entregaron reconocimientos especiales que dan cuenta del verdadero espíritu de esta actividad. Delia Pardo fue distinguida como mejor dama del torneo, destacando su participación y nivel de juego. Jorge Vecce recibió el premio al mejor rendimiento Cemipre, evidenciando progreso y consistencia a lo largo de la jornada. Asimismo, la jugadora Brenda Molina fue reconocida con el premio al espíritu deportivo y compañerismo, un galardón que, en este contexto, tiene un valor particularmente profundo.

La jornada contó también con la participación de Pedro Vaccaro, sumando su experiencia al desarrollo del torneo. Asimismo, por razones de fuerza mayor, no pudieron estar presentes Myriam Clarck, Patricia Cuadros, Eduardo y otros destacados integrantes del taller, cuya ausencia se hizo notar, pero que forman parte esencial de este proceso formativo.

Este torneo corresponde a la segunda experiencia inclusiva que desarrollamos, pero forma parte de un trabajo más amplio que se ha venido construyendo con convicción. Durante el último tiempo se han realizado diversas actividades, entre ellas una simultánea con el campeón nacional absoluto de ajedrez Matías Pérez, acercando el alto rendimiento a espacios donde muchas veces estas oportunidades no llegan.

Lo que aquí está ocurriendo no es casualidad. Es el resultado de entender el ajedrez como una herramienta social, como un lenguaje universal que permite integrar, desarrollar habilidades y generar comunidad.

Porque cuando el ajedrez se abre verdaderamente a todos, deja de ser solo un juego. Se convierte en un puente. Y en tiempos donde tanto se habla de inclusión, experiencias como esta demuestran que es posible construirla, pieza por pieza, sobre el tablero.